Cuando pequeño, su papá le decía la hormiga atómica porque siempre se pasaba puliendo el piso. Una vez, en plena fiesta en su casa, sacó los manteles para lavarlos porque no podía verlos así de sucios. Usa la ducha del cuarto de huéspedes, porque la suya tiene puertas de vidrio y no puede salir sin limpiarlas. ¿Es acaso un perfeccionista amante de la limpieza o uno de los 13 millones de habitantes en los Estados Unidos con Trastorno Obsesivo Compulsivo?
Ese es el caso de Michael Arévalo, un joven de 29 años que considera que la vida "tiene que estar en orden, porque cada cosa tiene un lugar en el universo y el orden hace que las cosas se vean bonitas." Sabe que desde que tenía ocho años le gustaba limpiar y aunque su necesidad del orden está presente en todo lo que hace, nunca ha sido diagnosticado con un trastorno mental.
Según el Departamento de Salud, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se define como un desorden de ansiedad, caracterizado por pensamientos incontrolables e indeseados de manera repetida, que dan al cerebro una señal de que algo debe ser completado. "La mayoría de estas personas están obsesionadas con la limpieza y se ve como algo normal y a veces hasta bueno, pero cualquier obsesión es mala", dice el doctor Jack Drescher, psicólogo especialista en comportamiento de la ciudad de Tamarac, en Florida, quien trabaja en el hospital y centro médico universal de la misma ciudad.
Arévalo reconoce que si no limpia, padece de ansiedad. Esto le ocurre desde que era pequeño. "Cuando tenía 12 años me acuerdo que era la época de verano y todo el mundo salía a jugar a la calle y yo sentía que no podía salir hasta que no estuviera todo limpio. No podía salir porque sentía que necesitaba no sólo mi cuarto sino mi casa completa limpia y en orden. Estaba encargado de toda mi casa y sentía que nadie lo podía hacer como yo. Había una empleada y se pasaba haciendo otras cosas, cuando preguntaba si había limpiado la respuesta era: ‘Michael ya lo hizo'. Llegaba el medio día y todavía no me sentía completo. Me bañaba de nuevo, me vestía y escuchaba a los otros niños jugar afuera, pero sentía que no podía hacerlo, que no estaba completo todavía, y ya cuando iba a salir que sentía que había terminado eran casi las seis de la tarde y sólo podía jugar unos minutos porque ya se hacía de noche", continuó diciendo.
Al comentarle el caso de Arévalo al doctor Ignacio López Merino, psiquiatra especialista en neurología graduado de la universidad de Boston, quien trata a muchos pacientes con el TOC en su oficina privada en la ciudad de Plantation, éste expresó que debe tratarse de un caso de TOC, porque le causa ansiedad y porque pasa mucho tiempo en su obsesión (la limpieza) privándolo de otras actividades en su vida.
Arévalo rechaza esta posibilidad, al tiempo que dice que está cansado de que sus amigos se la pasen diciendo que tiene esta enfermedad. "Yo no veo por qué el ser limpio y querer toda la casa en orden, como si fuera una casa modelo, tiene que ser visto como algo negativo. Lo único que a veces me frustra es el tiempo que me paso limpiando, pero fuera de eso estoy orgulloso de cómo soy", expresó confiado Arévalo.
Según la Fundación de Obsesivos Compulsivos de Boston, Massachusetts, el TOC no es visto como un impedimento mental, a pesar de que crea una anormalidad neurológica que tiene repercusiones en diferentes aspectos sociales. En el cerebro de un paciente de TOC se manda una señal de alerta constantemente, comparable con un disco rayado que vuelve a caer en el mismo sitio, haciéndolo compulsivo. Sin embargo el problema se da cuando el acto obsesivo se descontrola, hasta el punto en que el paciente se hace daño a sí mismo o a los demás y esto puede llevar a implicar inminentes daños en la vida.
Jorge Sánchez terminó su matrimonio debido al Trastorno Obsesivo Compulsivo. En su testimonio en la página del Instituto de TOC en Massachussets, Sánchez dice: "Siempre fui una persona muy organizada, limpia, quería que las cosas se hicieran bien. Seguí haciendo lo mismo cuando crecí. Siempre me llevé bien con todos, era un niño normal en cada sentido de la palabra. Ahora soy mecánico de profesión, comencé arreglar carros a los 18. Me casé a la edad de 26 y comencé a asumir las responsabilidades de la adultez. Fue alrededor de esa época que empecé a notar una tendencia a la obsesión con el perfeccionismo, no podía cometer errores. De repente comencé a chequear las cosas y a sobreverificar mi trabajo. Este comportamiento aumentó y me comenzó a crear problemas matrimoniales, lo cual me causó estrés. Me estresé por completo con el nacimiento de mi segundo bebé, y comencé a preocuparme por mi trabajo toda la noche. Lo único en que pensaba era mi trabajo y si había hecho todo bien, al punto que descuidé a mi familia. Estaba ahí presente, pero mi mente no. Busqué ayuda para este problema que no podía definir, pensé que me estaba volviendo loco. Finalmente, mi matrimonio comenzó a quebrarse debido a esta obsesión. El estrés era demasiado fuerte, no podía encarar mi vida ni mis responsabilidades. Un médico me diagnosticó TOC y traté de ver a varios psicoterapeutas para tratar el problema matrimonial, pero ya era muy tarde, terminé divorciado".
Para Lisa Merlo, profesora asistente de psiquiatría de la Universidad De Florida, en Gainesville especializada en TOC, se trata una enfermedad que aunque parezca simple, interfiere con la productividad de la persona que pierde tiempo pensando en vez de hacer las cosas.
Según el Instituto Nacional de Salud Mental, el Trastorno Obsesivo Compulsivo afecta a más de 13 millones de personas en los Estados Unidos. De acuerdo con un estudio hecho por la Academia Americana de Psiquiatría Infantil, uno de cada 200 niños y adolescentes en los Estados Unidos nace con el Trastorno Obsesivo Compulsivo. El problema, según explica Merlo, es con qué se obsesiona el paciente y hasta qué nivel el acto que hace involuntario de acuerdo a su trastorno es justificado.
Sara Sánchez, del Centro de TOC de Florida, se obsesionó desde pequeña con imágenes eróticas. "Cuando era pequeña me venían pensamientos e imágenes eróticas involuntarias a la cabeza y yo trataba de no excitarme, pero nunca lo conseguía, entonces para ponerme a prueba otra vez (a ver si no me excitaban las imágenes) trataba de reimaginármelas en mi mente sin excitarme para dejar de sentir culpa, pero nunca lo conseguía. Me sentía culpable por haberme vuelto a excitar con la imagen, y lo volvía a intentar, y así volvía a caer en el "círculo vicioso" de ponerme a prueba una y otra vez reimaginando todo sin éxito y esto afectaba mi intimidad. Ya de adulta podía estar en medio de un acto sexual y estaba con estas imágenes en la cabeza."
Sánchez asegura que nadie en su casa lo sabía y que le daba vergüenza. Al crecer, le confesó a su madre que estaba preocupada porque le venían imágenes eróticas a la cabeza. Su madre le decía que era normal pero Sara asegura que, como quiera, se sentía sucia. "Esto duró mucho tiempo (un año y medio), luego no volví ni a masturbarme ni a tener sueños eróticos, pero si por ejemplo veía la más mínima presencia de sexo, en la televisión o una canción, yo me excitaba y le daba mil vueltas a la cabeza. Llegué a esconderme de todo lo relacionado al sexo y los sentimientos de culpabilidad podían llegar a hacer que no durmiera en toda la noche y me la pasara llorando."
Pero Sara no buscó ayuda y esto empeoró. Confiesa que un día, cuando tenía unos 20 años, estaba teniendo pensamientos eróticos y de repente surgió en su mente la imagen de su padre. "Me vino muchísima excitación y culpa a la vez. No sabía realmente si me había excitado por mi padre o por mis sueños, pensé que era por lo de mi padre y de los remordimientos no me pude dormir. A partir de ahí pensaba que él me excitaba a mí y le evitaba, me ponía a prueba re imaginando la imagen, pero parece que cada vez que intento no excitarme consigo efectos adversos. Con mi madre todo iba fantástico no pasaba nada...hasta que pensé: soy bisexual, así que si mi padre me excita, ¿porque no mi madre? A partir de ahí me ocurrió lo mismo con mi madre. Pensé que era incesto, pederasta, todo. Llegué al punto de pensar en el suicidio y la depresión. Todo era producto de mi mente y al buscar ayuda fui diagnosticada con Trastorno Obsesivo Compulsivo", dijo Sánchez quien actualmente recibe tratamiento.
Michael Arévalo recuerda cómo esto le afectó con su ex novia. "Me acuerdo que por pena no le decía nada a ella para no avergonzarme y la dejaba bañarse en mi ducha. Se me movía todo por dentro pensando en el agua y el vapor en las puertas de vidrio y entonces siempre tenía que bañarme después de ella. Ella pensaba que me tardaba en el baño pero en realidad quería ser último porque me bañaba y limpiaba. Y si estaba haciendo el amor o hacia algo con ella una de las primeras cosas que venía a mi cabeza era que no quería que se ensuciara la cama o nada porque si no lavaba las sábanas inmediatamente. A veces ni me acostaba en su pecho después del acto sexual, pensando en las cosas que estaban sucias", concluyó Arévalo a lo que recordó cómo esto causaba múltiples peleas con su ahora ex pareja.
Y es que Arévalo siente que ha estado cambiando: "En estos últimos meses he cambiado un poco. Antes no era capaz de ir a la calle dejando algo en el lavaplatos sin limpiar. Este fin de semana vi un tenedor que duró hasta el día de hoy, desde el viernes y se veía como una mancha y me dio una rabia. Todo un fin de semana, algo que no había pasado antes. A veces me da miedo porque me doy cuenta que ocupo demasiado tiempo en eso; barro, aspiro, trapeo. Tengo otras cosas en mi cabeza. Es como si tuviera un estrés tan grande que sobrepasa la necesidad de limpiar todo. Me pregunto qué me está pasando y me preocupo. Para mí no es normal que deje algo por un tiempo. Yo lo veo negativo, eso me está afectando tanto que ni limpio. Me siento vulnerable, como que no estoy siendo yo porque estoy cambiando eso, yo me la paso limpiando. Entonces si estoy cambiando y no he hecho nada ¿por qué necesitaría decir que es una enfermedad?", concluyó Arévalo.
Según la Oficina Gubernamental del Control de Enfermedades, las obsesiones y compulsiones son muy difíciles de controlar y en el caso de conseguirlo, es posible que resista solo durante un breve periodo de tiempo. Estas obsesiones, según esta agencia, son realmente perturbadoras y suelen consumir gran espacio de tiempo e interfieren sensiblemente con las tareas laborales, sociales y de relación personal.
John Halloway, un contador de 42 años que reside de la Florida, ha sido diagnosticado con TOC. Todos los días, Halloway pasa por lo menos una hora verificando una y otra vez si la alarma de la casa está puesta y si cerró la puerta delantera. En el trabajo, John revisa los libros de sus clientes una y otra vez para corroborar que hizo sus cálculos bien. Últimamente se ha preocupado por la seguridad de su esposa y la llama al menos cada tres horas. Tiene miedo de que si no llama a verificar cómo ella está, le va a pasar algo. Esto le estaba afectando su relación y su trabajo y es por eso que buscó ayuda.
"En el trabajo estuve produciendo proyectos de calidad por pura determinación, lo cual era extremadamente agotador, este se debía al TOC. Constantemente vivía a la preventiva, esperando el próximo ataque de pensamientos obsesivos. A este punto para protegerme de la ansiedad, comencé a evitar la televisión, los periódicos y hasta las conversaciones que pudieran activar el TOC. He sido testigo que mi condición se ha fortalecido y ha flaqueado muchas veces, pero pareciera estar empeorándose, no podía encontrar algún alivio lo cual hizo que perdiera el trabajo, tuve que buscar ayuda" dijo Halloway. No es el único que ha tenido problemas en el trabajo por esta enfermedad. Halloway dice que siempre fue una persona ansiosa y perfeccionista, sobre todo en cuanto a sus propias acciones y conductas.
"El TOC me atacó por todas las áreas de mi vida", relata. "Primero empecé con la necesidad continua de lavarme las manos por miedo a las bacterias. Después seguí con la limpieza, y después con el orden: necesitaba que todos los objetos de mi escritorio estuvieran alineados de manera simétrica y exacta. Llegué hasta el extremo de ser el último en la oficina con la excusa de tener trabajo atrasado para poder ordenar todo de manera simétrica y que, por ejemplo, la línea de la calculadora me quedara exactamente paralela a la línea del monitor. Y así se me fueron agregando cosas. Los jefes asumían que era un incompetente porque no terminaba las cosas a tiempo, cuando en realidad lo hacía, pero tenía que limpiar y ordenar todo. Como me daba vergüenza inventaba esta mentira que me costó varias evaluaciones insatisfactorias. En el último tiempo antes del tratamiento se me había puesto que no debía pisar bordes. Entonces buscaba caminar siempre por el medio de las veredas, evitaba los umbrales y me cuidaba de no pisar las líneas de las baldosas o las rayas de la calle. Después comencé a repetir números mentalmente. Me proponía por ejemplo contar de tres en tres en todo el viaje de mi casa al trabajo y ponía atención para no equivocarme ni perderme, porque estaba seguro de que si lo hacía me iba a ir mal todo ese día. Es algo inexplicable lo que se llega a pensar, uno termina muy cansado y se siente incapacitado, porque el círculo de lo permitido se cierra cada vez más", relata Héctor Rodríguez, quien asiste a un grupo de ayuda localizado en Weston.
Según la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales los criterios para el diagnóstico de trastorno obsesivo compulsivo tienen un patrón general. Usualmente están preocupados por el orden y el control mental e interpersonal a expensas de la flexibilidad, la espontaneidad y la eficiencia empieza al principio de la edad adulta y se da en diferentes contextos como lo indican varios síntomas. Según la Alianza hay siete características que se pueden buscar en un paciente para poder determinar si tiene este trastorno. Una de las siguientes es suficiente para necesitar tratamiento y esta obsesión puede comenzar de manera leve y aumentar a ser un problema seriamente grave.
Las siete características son: perfeccionismo que interfiere con la finalización de las tareas; dedicación excesiva al trabajo y a la productividad con exclusión de las actividades de ocio y las amistades; excesiva terquedad e inflexibilidad en temas de moral, ética o valores; incapacidad de tirar los objetos gastados e inútiles aún cuando no tienen un valor sentimental; cuando la persona es renuente a delegar tareas o trabajos en otros a no ser que éstos se sometan exactamente a su manera de hacer las cosas; adopta estilos varios para la persona y para los demás. Una cosa es sus expectativas usualmente no a la par con la de los otros a su alrededor; y usualmente muestran rigidez y obstinación.
"Las personas con el Trastorno Obsesivo Compulsivo intentan mantener la sensación de control, mediante una gran atención a las reglas, los detalles, los protocolos, las formalidades, hasta incluso la pérdida de vista del principal objetivo de la actividad. Son demasiado cuidadosos y muy propensos a las repeticiones, sobre todo para comprobar los posibles errores", explicó el Dr. Jack Drescher. El especialista estableció que los pacientes con TOC tienen ansias de perfeccionismo e intentar alcanzar altos niveles de rendimiento, llegando al malestar. "Esto puede llegar a que el sujeto centre su atención en tratar de llevar a cabo con absoluta perfección cualquier detalle y nunca se termine el proyecto que tenía en un principio" continuó diciendo. Mientras, muchos se preguntan si de verdad lo tienen, mientras que otros defienden que es parte de ser muy perfeccionista.
Kenneth Lang, el pasado 4 de septiembre de 56 años, fue acusado por la policía de Dearborn de maltrato de animales. En su casa en la calle Orchard fueron encontrados alrededor de 250 perros. Unos 150 animales estaban muertos en el refrigerador de la casa y los otros animales estaban mal nutridos. Lang puede ser condenado hasta 10 años de cárcel. Sin embargo, su abogado James Schmir se propone demostrar que su TOC lo llevó a coleccionar los perros, que se trataba de un acto compulsivo y, por lo tanto, incontrolable.
El psicoterapeuta doctor Justo Cano afirma que se trata de un caso extremo. "Esto es un problema serio porque la obsesión era con un animal vivo y con la colección, dos cosas que no mezclan muy bien. Ambas son obsesiones poco comunes pero hay que analizar hasta que punto, un paciente que no esté siendo tratado, puede llegar", concluyó Cano.
El TOC es una enfermedad que no tiene mucha difusión pero la tiene mucha gente. Según la Asociación de Psiquiatras de Estados Unidos este es el cuarto trastorno más común en el país. Esta enfermedad se divide en la obsesión, que es una idea o un pensamiento desmedido y desproporcionado y las compulsiones o rituales, que son los que alivian y los que tranquilizan a la persona que teme que se cumpla ese pensamiento obsesivo. Cano explicó "nosotros tenemos dentro del diagnóstico un punto de corte, que puede ser discutible, pero que indica que para que una persona sea diagnosticada con TOC tiene que pasar al menos seis meses con los síntomas y debe sumar al menos una hora diaria de rituales. Para que sea TOC, el trastorno realmente debe interferir en la vida cotidiana, debe limitar y debe alterar la calidad de vida", aclara el Dr. Cano para distinguirlo de otras cosas que no sean la enfermedad.
"Al paciente con TOC se le aparecen una serie de ideas que van en contra de su marco de valores. Si bien a todos nos pasa, quien no sufre de TOC tiende a pasar por alto estos pensamientos, pero un paciente con TOC los sobrestima. Produce un fenómeno que es la fusión pensamiento-acción. Cree que si piensa algo, eso que piensa pasa al orden de la realidad, pero esto es una distorsión. El paciente cree que si piensa que la llave del gas puede estar abierta es porque lo está, hay una confusión entre posibilidad y probabilidad. Si se le cruza la idea de que podría haber sido gay, por ejemplo, empieza a ponerse muy ansioso pensando cómo hará para desestimar o sacarse de la cabeza esa idea de ser gay. Los pacientes TOC son, como todos los pacientes de trastornos de ansiedad, muy controladores de la incertidumbre, y esto tiene su correlación con personalidades perfeccionistas y gente que critica, que no pueden tolerar ideas contradictorias a su marco de valores", asegura el psicólogo Francisco Palacín de la fundación de concienciación del TOC y otras enfermedades situada en California. Y las palabras del profesional tienen su correlato en el testimonio de los pacientes, que una vez recuperados o en tratamiento, pueden contar de qué se trata.
"Cuando nació mi primer hijo mi vida hizo un click. Comencé a tener una obsesión por la limpieza muy fuerte por miedo a que el bebé se enfermase de algo grave. Me angustiaba mucho la sensación de que a mi hijo le pasaría algo terrible. Entonces baldeaba dos veces por día toda la casa, pasaba lavandina en todos los muebles y echaba desinfectantes ambientales constantemente, ante la incomprensión de mi familia. Pero después me pasó algo horrible. Comencé a tener terror de dañar a mi hijo, de tener un acto de locura y lastimarlo, y esa sola idea me paralizaba. Pensaba que me estaba volviéndome loca, entonces evitaba quedarme sola con él. Fueron momentos muy difíciles, porque sentía que no se lo podía confiar a nadie, que iban a encerrarme. Me sentía un monstruo", cuenta Analía Alvarado quien contó su testimonio en un blog llamado "conmigomisma."
Cristina Cardoso recuerda que la primera señal de tener TOC fue cuando tenía 12 años. "Me lavaba las manos constantemente ya que sentía que estaban contaminadas. En la época de adolescencia fui un poco rebelde y comencé a tener problemas con mis padres. Comencé a desarrollar mucha tensión y ansiedad en esa época. Mi TOC, creo, que se enfoco en mi padre para comenzar. El era un hombre muy bueno y me adoraba. Mi padre siempre tocia debido al cigarro, por razones desconocidas, cada vez que el tocia, me sentía contaminada. Una y otra vez su toz producía en mi sentimiento de ansiedad e inquietud. Era como si tu toz hiciera que el causara que alga malo o súper natural me pasara a mí. Al pasar del tiempo, estos sentimientos de contaminación se extendieron a los demás miembros de mi familia. Para mí, ellos se convirtieron en seres dañinos, al punto que tuve que esquivarlos. Cuando me mudé de Orlando para acá, cualquier carta o regalos que me llegaran por correo por miembros de mi familia los botaba, sin leerlos, pensaba que estarían contaminados y no los podía ni ver ni tocar, esto sin duda empeoró mi relación con mi familia quien sentía que no quería saber de ellos".
Ana Quiñones de 24 años también evitaba a su familia. "Todo empezó cuando era adolescente. Los días que me quedaba a estudiar hasta tarde comenzaba la pesadilla. No podía acostarme después que el resto de mi familia, porque me hacía a la idea de que iba a dejar las puertas y la llave del gas abiertas, que iban a entrar ladrones y nos iban a matar a todos o que iba a explotar la casa, y que todo sería mi culpa. Entonces daba inicio a un ritual que me consumía. Revisaba puerta por puerta y chequeaba la llave del gas hasta que me doliera la mano. Terminaba la ronda y volvía a empezar, una y otra vez, y cada vez que me encaminaba hacia mi habitación la duda volvía a asaltarme, y otra vez se ponía a andar la rueda. Rompí tres picaportes y dos llaves del gas en menos de siete meses. Los últimos tiempos después de hacer este ritual una o dos horas, cuando sentía que ya no daba más y cuando me invadía una sensación de irrealidad que creía que no me dejaba razonar, despertaba a mi hermano para que me confirmara que había cerrado todo. La certeza de que iba a ocurrir algo terrible era para mí cada vez más fuerte. Me moría de vergüenza, sentía que me estaba volviendo loca, pero no podía controlarlo", continuó Quiñones.
Alejandro Forero se alejó de las personas. "Casi nunca salía", dijo Alejandro Forero estudiante de la Universidad Atlántica de Florida. "A mí me dio con estudiar y no podía tener nada malo porque comenzaba de nuevo y no me lo perdonaba. Sí, soy estudiante de honor y eso es bueno, pero en parte no he tenido mucho tiempo para compartir con amistades o lo hago de mala gana y no puedo dejar de pensar en lo que tengo pendiente", finalizó Forero.
Esto es normal, según el Dr. Cano, los pacientes de TOC normalmente posponen las actividades de ocio, de tal forma que nunca o casi nunca llegan a realizarlas, y cuando lo hacen, se sienten incómodos, e incluso llegan a pensar que están perdiendo el tiempo. Todas las aficiones que realizan necesitan que sean organizadas de forma seria y realizan un duro esfuerzo en ellas, ya que lo que les importa es que su ejecución sea perfecta.
Según el médico, existen otros pacientes de TOC que suelen ser muy inflexibles e incluso tercos en las cuestiones morales o éticas. No pueden tirar objetos ya gastados o inútiles, incluso cuando no tienen ningún valor sentimental o se molesta que alguien trate de deshacerse de algo que han guardado ellos. Son muy obedientes y les gusta seguir las reglas, siempre y cuando su obsesión sea el perfeccionismo o la limpieza que es la obsesión mayoritaria en Estados Unidos.
José Lambrón tiene 24 años y se gradúa ahora de su bachillerato en Ingeniería Industrial. "Académicamente, el Trastorno Obsesivo Compulsivo ha destrozado mi vida: yo era un estudiante destacable pero al primer año del bachillerato comencé a sentir los síntomas. Las obsesiones al principio eran simples problemas para conciliar el sueño, luego comenzaron las obsesiones con planificar todo y comenzaron a invadirme cada año más. Luego en medio de los cursos tenía esta necesidad de hacer otras cosas que tuve que dejar de pasar los cursos, me tomó dos años hacer lo que se suponía que hiciera en uno. Ahora es que estoy terminando mi bachillerato, que se supone hubiera terminado cuando tenía 21. Hace unos días decidí indagar sobre el TOC en la red y buscar a más gente que lo padeciera, y he encontrado tal brutalidad de historias que me han entristecido mucho, porque no puedo ver tanto sufrimiento sin poder hacer nada al respecto. Esto me hizo sentir que no estaba sólo. Yo me aislé de mis amigos, hasta perdía mis amigos de infancia. Me destruí en la vida académica porque aunque nunca la dejé estoy por terminarla varios años después de lo debido. He tenido críticas por mi comportamiento, se han burlado de mí. He tenido muchas consecuencias y me alegro de haber podido buscar ayuda", concluyó Lambrón quién recibe terapia en la Universidad de Miami.
Según el último estudio (2008) de la Fundación de Obsesivos Compulsivos 1 de cada 50 personas en los Estados Unidos padece del Trastorno Obsesivo Compulsivo. Según el Departamento de Salud aproximadamente 2.3% de la población entre las edades de 18 a 54 sufren del Trastorno obsesivo compulsivo u OCD, la cual supera cualquier desorden mental tal como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el trastorno del pánico.
No hay discriminación para este trastorno, ya que se puede encontrar en todos los grupos étnicos y ambos géneros son equitativamente abatidos por este trastorno, aunque en los niños parece ser más frecuente en los varones. Casi un tercio de la mitad de los pacientes que sufren de este trastorno encuentran que la raíz de esta enfermedad empezó en su niñez, algunos dieron señales en sus años pre-escolares. Casos de TOC han sido reportados en niños menores de 2 años, huelga decir que es difícil diagnosticar a esa edad tan corta (Carencia del desarrollo verbal siendo la razón principal). Alrededor de los 6 años, las habilidades lingüísticas del niño hacen más fácil identificar la existencia del TOC, esta correlacionado con la edad en donde la mayoría de niños enseñan las primeras señales reales de este trastorno. Sin embargo en la mayoría de estos casos, los síntomas se harán notar en la adolescencia o en la temprana adultez.
A pesar de que mucha gente sufre de este trastorno, muchos de éstos están ocultando sus síntomas y las encuestas estiman que menos del 10% de las personas que padecen de este trastorno están en tratamiento. La presencia de alguna agresión o trastorno de oposición desafiante se ha dicho que indica un pronóstico incompleto.
Típicamente este trastorno y sus síntomas empeoran debido al estrés, la fatiga o una enfermedad. El tratamiento de un niño con TOC es muy importante y cualquier contratiempo a este solo va a causarle daño al niño y cabe la posibilidad que el niño pierda algunos aspectos de su vida y desarrollo. Lo mismo va para los adultos, la temprana ayuda profesional incrementa los chances de que mejore su condición. TOC es un trastorno difícil de tratar, pero puedes disfrutar la vida si encuentras la ayuda correcta y estas dispuesto a todo tipo de sugerencias. Lo más que se demore uno en actuar y buscar por ayuda profesional, lo más difícil se hace para uno contraatacar la enfermedad.
En un comunicado de prensa distribuido por Reuters, varios científicos expresaron que habían hallado un grupo de genes que, cuando se desorganizan, hacen que los ratones se laman para asearse a tal punto que se quedan sin pelo. Mario Capecchi, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Utah, que colaboró en el estudio, dijo que las personas tienen el mismo grupo de genes y también podrían presentar una conducta de aseo excesivo. En este caso, la realización de estudios más profundos podría ayudar a explicar el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
"Las personas con el trastorno obsesivo-compulsivo pueden pasar mucho tiempo lavándose las manos, hasta el punto de llegar a sangrar", dijo Capecchi.
Esa sólo es una manifestación del trastorno, que puede causar diversos tipos de conducta.
Pero es lo suficientemente similar a lo que hacen los ratones. Capecchi cree que hay un vínculo. "En términos genéticos, somos similares en el 99%" a los ratones", dijo el genetista.
"Ahora lo que tenemos que hacer es ir a las poblaciones que padecen el trastorno obsesivo-compulsivo y comenzar a estudiar su ADN para ver si este gen en particular está afectado", añadió.
Los estudios con gemelos revelaron que el trastorno tiene una base genética, los mellizos idénticos tienen más probabilidades de desarrollarlo si su hermano gemelo lo padece, expresó Capecchi. Su equipo examinó un grupo de genes, específicamente uno llamado Hoxb8. Estos genes son muy importantes en el desarrollo y son muy parecidos en todos los mamíferos. "Es un gen muy básico", dijo Capecchi. "Es importante durante la primera parte de la vida. Participa en la formación de partes del cerebro, todos los huesos del cuerpo y los órganos", informó. Esto puede influir en la conducta. "Lo que estamos hallando es que los genes normalmente no tienen un solo papel. Tienen múltiples papeles", comentó Capecchi. "Este complejo integral puede estar muy presente en el adulto." El científico dijo que tendría sentido que los mamíferos compartieran el gen del aseo. Hasta las moscas de la fruta se bañan mucho. "Con frecuencia lo subestimamos, pero en términos de sobrevivencia el aseo es realmente importante."
No se sabe el origen del Trastorno Obsesivo Compulsivo ni se ha encontrado la medicina específica para ello. Según la Fundación de Obsesivos Compulsivos la mayoría de los pacientes son medicados con anti-depresivos. La fundación recomienda sin embargo que las pastillas deban ir acompañadas de terapia de comportamiento, aunque esto muchas veces no ocurre.
Según un reporte de mayo del 2008 del Departamento de Salud hay tres razones por la cual hay tanta discrepancia con el Trastorno Obsesivo Compulsivo. Primero, que las personas usualmente se sientes avergonzadas de sus síntomas y no buscan ayuda o no dicen nada. Segundo, que muchos profesionales de la salud no están familiarizados con el TOC. Por último, que las personas no tienen acceso a una ayuda médica de calidad y si son diagnosticadas se les hace muy caro el tratamiento que conlleva pastillas y terapia y puede durar años. Es por eso que hay varios centros de TOC que operan como organizaciones sin fines de lucro, que si no dan todo el tratamiento al menos dan el diagnóstico y la orientación libre de costo. Existe una línea de ayuda gratuita donde las personas pueden pedir este servicio llamando al 1-888-771-5166.
Desafortunadamente cuando la condición no es tratada se puede convertir o puede terminar en depresión. Sin el tratamiento propio del TOC las personas pueden empeorar en su trabajo y en sus relaciones. En casos extremos lleva a la depresión sin embargo el uso de estas pastillas suele ser la recomendación número uno de los doctores. Las seis drogas más reconocidas que se les dan a pacientes de TOC son Luvox, Prozac, Zoloft, Paxil, Celexa y Anafranil. Esta última es la que más ha sido recomendada y ha sido estudiada para este propósito. Según la Fundación de Obsesivos Compulsivos el problema está en un neurotransmisor particular, un mensajero químico llamado serotonina. Aparentemente son necesarias grandes dosis de serotonina en el cerebro pero no son suficientes para mejorar el TOC de manera significativa mucho menos curarlo del todo. Pero ¿qué tienen que ver los antidepresivos con el Trastorno Obsesivo Compulsivo, mucho menos con alguien obsesionado sólo con la limpieza?
Según un informe del Departamento de Salud del 2007 el uso de antidepresivos casi se duplicó entre residentes de EE. UU. entre 1996 y 2005. El aumento pareció abarcar a casi todos los grupos demográficos."Más del diez por ciento de las personas mayores de seis años recibían medicamentos antidepresivos. Esto me parece significativo", aseguró el Dr. Mark Olfson, autor del estudio y profesor de psiquiatría clínica de la Universidad de Columbia y del Instituto psiquiátrico del estado de Nueva York, en esa ciudad.
Según la información de respaldo del estudio, los antidepresivos son ahora la clase de medicamentos más prescrita en los Estados Unidos. La expansión en el uso data de los 80, con la introducción del antidepresivo Prozac (fluoxetina).
El estudio encontró que en 1996 el 5.84 por ciento de los residentes de EE. UU. mayores de seis años usaba antidepresivos, frente a 10.12 por ciento en 2005. "Los motivos del aumento no están claros, pero podrían incluir la introducción de nuevos antidepresivos durante los últimos diez a doce años o algo así, y a un mayor número de indicaciones clínicas para el tratamiento antidepresivo. Hace años, estos medicamentos se enfocaban sobre todo en la depresión. Actualmente, muchas afecciones distintas se tratan con antidepresivos", señaló Olfson. "También ha habido un aumento en la publicidad directa al consumidor, así como una reducción del estima asociado con la búsqueda de atención de salud mental."
De hecho, un estudio publicado la semana pasada encontró que alrededor de cinco de cada seis estadounidenses tienen actualmente una opinión positiva sobre los medicamentos psiquiátricos, un notable aumento en comparación con hace una década. Y es que en Estados Unidos se consumen aproximadamente el 65% de todos los antidepresivos en el mundo.
El psicoterapista, Dr. Justo Cano, explica que el trastorno de obsesión compulsiva podría dar pie a una enfermedad más compleja y con consecuencias más graves. "Hay estudios en cárceles estadounidenses que demuestran que muchos internos sufren del trastorno obsesivo compulsivo además de otra enfermedad mental. Se investiga si el trastorno puede ser el primer paso hacia algo más grave."
Los planes médicos no cubren los gastos que conlleva el tratamiento de esta enfermedad y a veces lo consideran una condición pre existente. Es una enfermedad mental, y aunque ocasiona limitaciones en el trabajo o las relaciones, muchos no saben que puede llegar a ser un impedimento. Se estima que los números del las personas con este trastorno pueden duplicarse si todos los casos fueran reportados, llegando a 26 millones de pacientes en Estados Unidos. Los pacientes de TOC están protegidos por el Acta Americana de Impedimentos mejor conocida como la Ley ADA. En el 2008 el Trastorno Obsesivo Compulsivo fue añadido a la lista de enfermedades vistas como un impedimento, en donde bajo este acta y también ley, no se puede discriminar en lugares de trabajo u otras instituciones (como universidades) a quien padezca de esta enfermedad.
"Si existe alguna posible duda de que existe TOC, es mejor hablar con un doctor. De no tenerla, perfecto; pero si lo tienes es mejor tratarlo", dijo el Dr. Jonathan Hoffman quien dirige un grupo de apoyo y ayuda gratis para niños y adolescentes en el Miami Children's Hospital. Este grupo se reúne el segundo miércoles de cada mes y reúne a pacientes diagnosticados con TOC para crear una red de apoyo entre ellos y sus familias.
El doctor Bruce Hyman es el autor del libro "The OCD Workbook" catalogado como el libro psicológico número uno de auto ayuda sobre esta enfermedad. Actualmente Hyman, un graduado de la Universidad de Florida, es el director del Centro del Trastorno Obsesivo Compulsivo en la Florida, en Hollywood y lleva trabajando con pacientes de TOC desde el 1987. En la página de internet del centro, Hyman escribe: "El TOC es un trastorno que puede tener más repercusiones de las que uno se imagina. Mientras más la gente sepa que esto existe, menos tabú será y más personas saldrán a la luz de esta enfermedad de la que poco se habla. Puede parecer algo simple, pero sin tratamiento y sin diagnóstico puede causar daños irreparables. Lo importante es encontrar que más allá de una enfermedad como cualquier otra, lo que hay que hacer es ver cómo esto afecta el comportamiento de la persona, sin perder de vista que estas historias ocurren a diario y están ahí, cerca de nosotros. Lo mejor es buscar ayuda."
El libro de Hyman establece que además de buscar ayuda hay varias cosas que se pueden hacer para mejorar. Éste establece que lo primero que se debe hacer es ampliar el conocimiento y el de la familia sobre el trastorno. Según el doctor es importante ampliar las redes de apoyo y muchos pacientes son objetos de burla porque no son vistos como productos de acciones incontrolables. Para ayudar a la salud además y distraerse es bueno concentrarse en una dieta equilibrada y la ejecución de ejercicios. Es bueno, según el libro, más allá de la terapia, asistir a grupos específicos, de apoyo o de ocio con tal de que esto aporte al mejoramiento. Con esto se espera además que se consiga el sueño adecuado y se pueda ir regulando la vida de pacientes con TOC. La información de este centro y los números aparecen en su página de internet: www.ocdhope.com
Al final, la presión y burlas de los amigos, las cosas que pasan con las parejas, el trabajo y la familia y el misterio aparente que rodea el Trastorno de Obsesión Compulsivo, miles como Arévalo, seguirán consumiendo mucho tiempo pensando que todo debe estar limpio, involuntariamente. Unos les darán halagos por tener las casas más impecables, otros se burlaran y mientras no tengan diagnósticos o conozcan su verdadera historia verán su obsesión como una virtud, mientras compulsivamente, sin tener paz, estarán pendientes a que no le cambien su orden ni le ensucien mucho.